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Biden no acaba de salir de Guerra Fría

 

Si hay algo que nadie puede poner en dudas, es la experiencia política del presidente Joe Biden. Algo que el presidente ruso Vladimir Putin apreció en su primer encuentro con el viejo zorro del capitolio ahora presidente luego de la reunión de ambos mandatarios en Suiza.

Biden lleva casi 50 años activo en la vida política norteamericana.  De legendario congresista a vicepresidente, de retirado de la política a presidente de los Estados Unidos.

Pero Biden, sufre de las consecuencias de un virus ideológico que se ha gestado en generaciones en la sangre de los políticos de Washington con variantes mas o menos agravantes.

Ese virus brotó de la Segunda Guerra Mundial, al final de la cual las grandes potencias comenzaron a repartirse el pastel dejado por Hitler.  A la lucha por los tajos de la torta se le llameo Guerra Fría.

La revolución rusa de 1917 se fundamentó en las ideas de Vladimir Illianov Lenin y su partido Bolchevique. 

La idea de una sociedad sin clases gobernada por los trabajadores, hizo temblar a la gran industria europea y americana que recién iniciaba lo que conocemos hoy como sociedad capitalista.  Por eso, Hitler declaró a la Unión Soviética como el principal enemigo y en retribución a su voluntad de eliminar el peligro, recibió el aplauso de las grandes corporaciones americanas y europeas.  Hasta que, intentó hacerse del poder industrial europeo, y sus aliados japoneses cometieron el gravísimo error de bombardear Pearl Harbor.

Como un mal necesario, Estados Unidos y las potencias europeas, se vieron obligadas aliarse a la Unión Soviética para aplastar a Hitler, y para mas desgracia aún, fueron los soviéticos los que entraron a Berlín y destruyeron el alto mando de alemán incluyendo a Hitler.

Desde entonces, la potencias europeas y Estados Unidos, como naciones que escriben su futuro, se prepararon para hacer del comunismo el mismo demonio y proclamar a todo pulmón la libertad de la democracia.

Para Biden, como crío de esa generación, el comunismo es el gran peligro a combatir a ultramar y del otro lado de las fronteras.

En base a ese criterio o virus ideológico, los demócratas acusan a Rusia de su derrota en el 2016, pero no pueden explicar su triunfo en el 2020, y aún siguen acusando a Rusia de injerencia cibernética.

Biden, como buen alumno de esa escuela, en la que se mezclan el populismo y el conservadurismo, conserva en su mente a la Rusia de la Unión Soviética y la China bajo la foto de Mao Tse Tung, por eso tal vez, aún se resiste a levantar las sanciones a Cuba, y para fines de un segundo término prefiere ser el revolucionario de las minorías progresistas de Estados Unidos pero el reaccionario del mundo exterior.

La verdad es, que ni Rusia ni China representan un peligro político para los Estados Unidos.  Son solo una poderosa competencia comercial, que como tal demandan respuestas en el mismo tenor, no amenazas de guerra ni acusaciones políticas al estilo de la Guerra Fría.

La Guerra Fría terminó con la desaparición de la URSS hace ya mas de 20 años, y ni Biden ni los demócratas, ni mucho menos los conservadores republicanos lo han asimilado

 


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